sábado, 11 de janeiro de 2014

Memórias da gentil angústia de Ingmar Bergman


É a rara ocasião de nos vermos reflectidos na nossa nudez – a de seres humanos que riem, amam, choram, se divertem e se angustiam. No Nimas, em Lisboa, até Abril, no Teatro do Campo Alegre, no Porto, a partir de Fevereiro, Ingmar Bergman. Dezassete filmes, entre A Prisão e Fanny e Alexandre. A angústia protestante, o frio sueco, são uma capa: por baixo dela, a nossa nudez. 
(...) 
Pensar que Ingmar Bergman é coisa para “intelectuais” é um disparate: os filmes de Bergman tocam, e dizem respeito, a quem quer que seja feito de carne, osso e um cérebro. A angústia protestante, o frio sueco, são uma capa: por baixo dela, a nossa nudez.
(Luís Miguel Oliveira no Público)

sexta-feira, 10 de janeiro de 2014

O cavaleiro do balde


“O carvão gasto; o balde vazio; a pá sem sentido; o fogão respirando frio; o quarto embaciado de gelo; frente à janela, as árvores rígidas de geada; o céu um escudo de prata contra quem quiser a sua ajuda. Tenho de arranjar carvão; não posso morrer gelado; atrás de mim o fogão impiedoso, adiante o céu impiedoso, por isso tenho de cavalgar, cortante, entre ambos, e na viagem procurar a ajuda do carvoeiro.”
KAFKA. “Der Kübelreiter”. (excerto transcrito por Luisa Costa Gomes no conto "Mania")

terça-feira, 7 de janeiro de 2014

Portugal, protetorado inglês


História de Portugal de Joaquim Pedro de Oliveira Martins

Oliveira Martins, na sua História de Portugal (3ª edição, em 1882), escreve:

"Pelo tratado de 1654 a Inglaterra ficara-nos possuindo; por este de 1661 tutelou-nos, declarando-nos pródigos e ineptos; encarregava-se de nos defender, mas, como bom tutor, vendeu-nos. (...) Da longa campanha diplomática da Restauração através de todos os incidentes, holandeses e franceses, resultava este facto que ficou pesando por dois séculos sobre o novo Portugal: o protetorado inglês. Protetorado, sempre se traduziu, na linguagem real da história, por exploração: é um eufemismo diplomático."

Palavras duras as de Oliveira Martins mas certeiras. Creio que por pudor não são hoje os historiadores tão claros nas suas afirmações.
A magnifica obra de Oliveira Martins pode ser consultada aqui
Ou na ortografia atual aqui
Uma apresentação do livro encontra-se aqui
Os excertos aqui apresentados foram retirados da página 137 do 2º volume da obra.

quarta-feira, 1 de janeiro de 2014

O exemplo uruguaio



La libertad tiene sus riesgos y quien cree en ella debe estar dispuesto a correrlos. Así lo ha entendido el Gobierno de José Mujica al legalizar la marihuana y el matrimonio gay. Y hay que aplaudirlo
Ha hecho bien The Economist en declarar a Uruguay el país del año y en calificar de admirables las dos reformas liberales más radicales tomadas en 2013 por el Gobierno del presidente José Mujica: el matrimonio gay y la legalización y regulación de la producción, la venta y el consumo de la marihuana.
Es extraordinario que ambas medidas, inspiradas en la cultura de la libertad, hayan sido adoptadas por el Gobierno de un movimiento que en su origen no creía en la democracia sino en la revolución marxista leninista y el modelo cubano de autoritarismo vertical y de partido único. Desde que subió al poder, el presidente José Mujica, que en su juventud fue guerrillero tupamaro, asaltó bancos y pasó muchos años en la cárcel, donde fue torturado durante la dictadura militar, ha respetado escrupulosamente las instituciones democráticas —la libertad de prensa, la independencia de poderes, la coexistencia de partidos políticos y las elecciones libres— así como la economía de mercado, la propiedad privada y alentado la inversión extranjera. Esta política del anciano y simpático estadista que habla con una sinceridad insólita en un gobernante, aunque ello le signifique meter la pata de cuando en cuando, vive muy modestamente en su pequeña chacra de las afueras de Montevideo y viaja siempre en segunda clase en sus viajes oficiales, ha dado a Uruguay una imagen de país estable, moderno, libre y seguro, lo que le ha permitido crecer económicamente y avanzar en la justicia social al mismo tiempo que extendía los beneficios de la libertad en todos los campos, venciendo las presiones de una minoría recalcitrante de la alianza.
Hay que recordar que Uruguay, a diferencia de la mayor parte de los países latinoamericanos, tiene una antigua y sólida tradición democrática, al extremo de que, cuando yo era niño, se llamaba al país oriental “la Suiza de América” por la fuerza de su sociedad civil, el arraigo de la legalidad y unas Fuerzas Armadas respetuosas de los gobiernos constitucionales. Además, sobre todo después de las reformas del batllismo, que reforzaron el laicismo y desarrollaron una poderosa clase media, la sociedad uruguaya tenía una educación de primer nivel, una muy rica vida cultural y un civismo equilibrado y armonioso que era la envidia de todo el continente.
Yo recuerdo la impresión que significó para mí conocer Uruguay hacia mediados de los años sesenta. No parecía uno de los nuestros ese país donde las diferencias económicas y sociales eran mucho menos descarnadas y extremas que en el resto de América Latina y en el que la calidad de la prensa escrita y radial, sus teatros, sus librerías, el alto nivel del debate político, su vida universitaria, sus artistas y escritores —sobre todo, el puñado de críticos y la influencia que ejercían en los gustos del gran público— y la irrestricta libertad que se respiraba por doquier lo acercaban mucho más a los más avanzados países europeos que a sus vecinos. Allí descubrí el semanario Marcha, una de las mejores revistas que he conocido, y que se convirtió para mí desde entonces en una lectura obligatoria para estar al tanto de lo que ocurría en toda América Latina.
Sin embargo, ya en aquel tiempo había comenzado a deteriorarse esa sociedad que daba al forastero la impresión de estar alejándose cada vez más del tercer mundo y acercándose cada vez más al primero. Porque, pese a todo lo bueno que allí ocurría, muchos jóvenes, y algunos no tan jóvenes, sucumbían a la fascinación de la utopía revolucionaria e iniciaban, según el modelo cubano, las acciones violentas que destruirían aquella “democracia burguesa” para reemplazarla no por el paraíso socialista sino por una dictadura militar de derecha que llenó las cárceles de presos políticos, practicó la tortura y obligó a exiliarse a muchos miles de uruguayos. El drenaje de talento y de sus mejores profesionales, artistas e intelectuales que padeció el Uruguay en aquellos años fue proporcionalmente uno de los más críticos que haya vivido en la historia un país latinoamericano. Sin embargo, la tradición democrática y la cultura de la legalidad y la libertad no se eclipsaron del todo en aquellos años de terror y, al caer la dictadura y restablecerse la vida democrática, florecerían de nuevo con más vigor y, se diría, con una experiencia acumulada que sin duda ha educado tanto a la derecha como a la izquierda, vacunándolas contra las ilusiones violentistas del pasado.
De otro modo no hubiera sido posible que la izquierda radical, que con el Frente Amplio y los tupamaros llegara al poder, diera muestras, desde el primer momento, de un pragmatismo y espíritu realista que ha permitido la convivencia en la diversidad y profundizado la democracia uruguaya en lugar de pervertirla. Ese perfil democrático y liberal explica la valentía con que el Gobierno del presidente José Mujica ha autorizado el matrimonio entre parejas del mismo sexo y convertido a Uruguay en el primer país del mundo en cambiar radicalmente su política frente al problema de la droga, crucial en todas partes, pero de una agudeza especial en América Latina. Ambas son reformas muy profundas y de largo alcance que, en palabras de The Economist, “pueden beneficiar al mundo entero”.
El matrimonio entre personas del mismo sexo, ya autorizado en varios países del mundo, tiende a combatir un prejuicio estúpido y a reparar una injusticia por la que millones de personas han padecido (y siguen padeciendo en la actualidad) arbitrariedades y discriminación sistemática, desde la hoguera inquisitorial hasta la cárcel, el acoso, marginación social y atropellos de todo orden. Inspirada en la absurda creencia de que hay solo una identidad sexual “normal” —la heterosexual— y que quien se aparta de ella es un enfermo o un delincuente, homosexuales y lesbianas se enfrentan todavía a prohibiciones, abusos e intolerancias que les impiden tener una vida libre y abierta, aunque, felizmente, en este campo, por lo menos en Occidente, se han ido desmoronando los prejuicios y tabúes homofóbicos y reemplazándolos la convicción racional de que la opción sexual debe ser tan libre y diversa como la religiosa o la política, y que las parejas homosexuales son tan “normales” como las heterosexuales. (En un acto de pura barbarie, el Parlamento de Uganda acaba de aprobar una ley estableciendo la cadena perpetua para todos los homosexuales).
Respecto a las drogas prevalece todavía en el mundo la idea de que la represión es la mejor manera de enfrentar el problema, pese a que la experiencia ha demostrado hasta el cansancio que no obstante la enormidad de recursos y esfuerzos que se han invertido en reprimirlas, su fabricación y consumo siguen aumentando por doquier, engordando a las mafias y la criminalidad asociada al narcotráfico. Este es en nuestros días el principal factor de la corrupción que amenaza a las nuevas y a las antiguas democracias y va cubriendo las ciudades de América Latina de pistoleros y cadáveres.
¿Será exitoso el audaz experimento uruguayo de legalizar la producción y el consumo de la marihuana? Lo sería mucho más, sin ninguna duda, si la medida no quedara confinada en un solo país (y no fuera tan estatista) sino comprendiera un acuerdo internacional del que participaran tanto los países productores como consumidores. Pero, aun así, la medida va a golpear a los traficantes y por lo tanto a la delincuencia derivada del consumo ilegal y demostrará a la larga que la legalización no aumenta notoriamente el consumo sino en un primer momento, aunque luego, desaparecido el tabú que suele prestigiar a la droga ante los jóvenes, tienda a reducirlo. Lo importante es que la legalización vaya acompañada de campañas educativas —como las que combaten el tabaco o explican los efectos dañinos del alcohol— y de rehabilitación, de modo que quienes fuman marihuana lo hagan con perfecta conciencia de lo que hacen, al igual que ocurre hoy día con quienes fuman tabaco o beben alcohol.
La libertad tiene sus riesgos y quienes creen en ella deben estar dispuestos a correrlos en todos los dominios, no sólo en el cultural, el religioso y el político. Así lo ha entendido el Gobierno uruguayo y hay que aplaudirlo por ello. Ojalá otros aprendan la lección y sigan su ejemplo.
(Mario Vargas Llosa, El País, 29-12-2013)

Sempre vigilantes!


Crónica de Frei Bento Domingues


Um Cristo formatado?
Pretender despolitizar o discurso económico e torná-lo tecnocrático e apartidário é um embuste.
1. “Esta é a definição da lei: algo que pode ser transgredido”. Assim falava, no seu gosto pelos paradoxos, o grande escritor católico, Gilbert K.Chesterton (1874-1936). Partindo da convicção de que a Deus nada é impossível, as comunidades cristãs, sobretudo as do primeiro século, elaboraram narrativas sobre o percurso de Jesus Cristo - desde a anunciação à ressurreição – que parecem contrariar, sem necessidade, as mais respeitáveis e inocentes leis da natureza. 
A este respeito, importa não esquecer que a linguagem mítica e simbólica da liturgia do Natal não pretende dar aulas de biologia e astronomia, mas subverter as leis de um mundo dominado pela injustiça. Quando os Evangelhos são interpretados em registo literal, em vez de provocarem a inteligência, a imaginação e os afectos, paralisam-nos e tornam-se charadas absurdas, até naquilo que têm de mais belo e subversivo. A letra mata. O espírito livre vivifica. 
Esta observação não desvaloriza, porém, a importância do método histórico-crítico aplicado aos escritos do Novo Testamento. Ao procurar esclarecer a produção dos textos bíblicos, nas suas diferentes etapas, descobre-se o ridículo das leituras fundamentalistas e que a pluralidade de interpretações não brota da arbitrariedade.
Passada a decepção com as “biografias liberais” de Jesus, do séc. XIX e os estudos pós-bultmanianos da década de 50 do século passado, vários exegetas célebres desenvolvem a “terceira vaga” de investigações sobre o “Jesus da história”. A obra monumental, de John P. Meier, “Jesus, um Judeu marginal”, impôs-se como referência incontornável. No entanto, como ele próprio confessa, o Jesus reconstruido pela investigação histórica – dada a natureza das fontes disponíveis – não pode sondar todas as dimensões da sua realidade. J. Meier alimenta a fantasia da reunião de um “conclave sem papa” e que ele próprio configurou: um católico, um protestante, um judeu e um agnóstico - todos historiadores honestos e bem informados sobre os movimentos religiosos do século I – ficariam trancados, na biblioteca da Harvard Divinity School, submetidos a uma dieta espartana e só lhes seria permitido reaparecer, quando tivessem elaborado um documento de consenso, sobre Jesus de Nazaré.
Um requisito essencial desse documento seria o de basear-se em fontes e argumentações puramente históricas. As suas conclusões deveriam ser abertas à verificação de todas e quaisquer pessoas sinceras, com acesso aos meios da moderna pesquisa histórica. Esse documento não teria a pretensão de apresentar uma interpretação completa, final e definitiva sobre Jesus, a sua obra e as suas intenções. Poderia, no entanto, proporcionar uma base comum e um ponto de partida academicamente respeitáveis para o diálogo entre pessoas de várias crenças ou sem crença alguma. J. Meier talvez goste de um Jesus marginal, mas não muito!
2. Esse empreendimento pode ter a sua utilidade, sobretudo para enfraquecer os delírios teológicos estacionados em definições dogmáticas, como alfândegas da fé. Mas não estou nada interessado num Jesus normalizado, formatado e em repouso num museu da história do cristianismo. Os escritos cristãos falam da sua presença clandestina, onde e quando menos se espera, baseados na promessa de que Ele não desertará da nossa vida.
Muito se escreveu acerca do mundo em que Jesus nasceu e cresceu, e onde se difundiram as comunidades cristãs dos séculos primeiro e segundo. Funcionavam “em rede”. Quando o Imperador Constantino entrou em cena, no séc. III, foi porque ele próprio se deu conta que mais valia ter os cristãos do seu lado do que persegui-los.
Os monges não foram para o Deserto por terem desistido da evangelização do mundo, mas porque se consideravam marginais em relação a uma cristandade adulterada por privilégios. Em vez de se instalarem no Poder, preferiram recusá-lo. Sabiam que ao esquecer o Cristo crucificado na carne dos sacrificados pelos interesses dos poderosos, acabariam na adoração de um Deus do Poder que tudo justifica.
3. O Papa Francisco denunciou os efeitos da economia que mata. Muitos se apressaram a dizer que ele não percebia nada de economia e a sua “Exortação Apostólica” era gravemente desmobilizadora quando já estavam à vista os belos frutos da austeridade, que importa não abrandar. Paul Krugman, Prémio Nobel de economia, em 2008, mostrou, no passado Domingo (cf. El País), as consequências desastrosas, nos EUA, da correlação entre os cortes nos programas sociais, o crescimento das desigualdades e o aumento da dívida. São os interesses e preconceitos de uma elite económica, cuja influência política disparou ao mesmo tempo que a sua riqueza, que procuram ocultar essa realidade. Pretender despolitizar o discurso económico e torná-lo tecnocrático e apartidário é um embuste. A classe social e a desigualdade modelam e distorcem o debate.
Será possível uma economia amiga das pessoas? Manuela Silva mostra que sim (cf. rev. Communio, XXX (2013).
Bom ano!
(Público de 29-12-2013)

quarta-feira, 18 de dezembro de 2013

“Vencereis…mas não convencereis!”: Unamuno e a razão contra a força

Unamuno, na saída da Universidade, com os falangistas cercando o filósofo antes de entrar no carro.

No livro "O Ano da Morte de Ricardo Reis", cuja ação se passa em 1936, José Saramago recorda Miguel de Unamuno e Millán Astray (pág. 370 a 376 da 15ª edição). Episódio marcante e revelador envolveu ambos e dele encontrei o relato no site do jornal "O Estado de S. Paulo" (Estadão):
"Don Miguel de Unamuno, filósofo espanhol, no fim da vida fez um discurso emblemático a favor da razão contra o uso da força.
Neste 7 de abril, dia do jornalista, não falarei de um jornalista em si, mas sobre um pensador. E sobre um governo que desprezava os pensadores e os livros. Isto é, em resumo, é sobre a liberdade de expressão versus o uso da força.
Os protagonistas: o filósofo e reitor de Salamanca, Miguel de Unamuno; o general Millán Astray, líder da Legião Estrangeira, braço-direito do generalíssimo Francisco Franco; uma multidão de militares e civis falangistas-franquistas.
O cenário: o recinto de cerimônias da Universidade de Salamanca, cidade que havia tornado-se capital provisória dos rebeldes.
O contexto: a guerra civil espanhola (1936-1939). Mais especificamente, seus primeiros meses, quando as tropas de Franco e seus aliados avançavam pela Espanha, tomando as principais cidades e realizando massacres de civis, aprisionando e torturando os intelectuais, impondo uma censura sem precedentes desde os tempos da Santa Inquisição.
O ano: 1936
O dia: 12 de Outubro, data na qual celebrava-se o “Dia da Raça” (mais tarde denominado de “Dia da Hispanidade”), uma das principais datas nacionais na Espanha.
No dia 18 de julho de 1936, o reitor e filósofo Miguel de Unamuno, que havia colaborado intensamente para a instauração da República em 1931, decidiu respaldar o golpe militar que imediatamente foi monopolizado pelo general Francisco Franco. No entanto, ao ver a repressão desatada que os rebeldes aplicavam contra a população civil e a instalação de um regime autoritário, Unamuno começa a perceber que o grupo que havia apoiado não era o que havia imaginado. Sua mesa em seu escritório na Universidade fica coberto de cartas de amigos e conhecidos que pedem que salve centenas de pessoas que estavam sendo detidas na cidade.
Seu amigo Prieto Carrasco, prefeito republicano de Salamanca, e José Andrés y Manso, deputado socialista, haviam sido assassinados. Na prisão, à espera do fuzilamento, estavam seus amigos pessoais Filiberto Villalobos, médico, e o jornalista José Sánchez Gómez. Outro amigo, o pastor anglicano e maçom Atilano Coco, estava ameaçado de morte. Dezenas de alunos seus na Universidade haviam sido levados à prisão.
O septuagenário escritor vai até o palácio episcopal de Salamanca, onde Franco estava hospedado, para pedir clemência para um grupo de pessoas que tentava salvar da morte. É inútil. Franco fuzila todos.
Arrependido de ter respaldado os rebeldes com seus prestígio internacional, Unamuno participa – sem previsão de discurso algum – da abertura solene do ano acadêmico no dia 12 de outubro de 1936 no salão de cerimônias da Universidade.
Na tribuna estavam sentados a mulher de Franco, Carmen Pólo, o bispo de Salamanca, Enrique Plá y Deniel, e o chefe do Departamento de Imprensa e Propaganda de Franco, o general José Millán Astray, fundador da Legião Estrangeira Espanhola, que havia perdido o braço esquerdo e o olho direito nos combates no Marrocos. E além deles, ali sentado estava Unamuno, nascido no país basco, uma das grandes figuras da “Geração de 98”, que haviam revitalizado a cultura da Espanha nas primeiras décadas depois da guerra hispano-americana, que havia mergulhado o país na depressão.
Toda a alta cúpula franquista estava presente. Menos Franco, que estava representado por um imenso retrato pendurado em uma das paredes, ao qual a multidão realizava a saudação fascista (nas quatro décadas seguintes a imagem de Franco estaria presente em todos os lugares públicos e seu nome seria usado para rebatizar ruas e avenidas).
Millán Astray começou os discursos afirmando que “o fascismo seria o cirurgião que extirparia a “falsa Espanha”, constituída pelos “bascos, catalães e comunistas. O fascismo é o remédio da Espanha, os exterminará, cortando na carne viva como um frio bisturi”.
Seu discurso foi interrompido por seus simpatizantes, que começaram a gritar o slogan da Legião: “Viva a morte!”.
Millán Astray, tal como o pavovliano cachorro, gritou três vezes seguidas “Espanha!”
Os simpatizantes ficaram em pé, estenderam seus braços direitos à moda fascista e gritaram em coro: “Uma, grande, livre!”.
O entourage rebelde: no centro da turma, o general Francisco Franco Bahamonde (o mais baixinho) e seu amigo e general Millán Astray.
Não estava previsto que Unamuno fosse discursar. Mas, o velho filósofo considerou que tudo o que estava acontecendo era demasiado.
“Serei breve. A verdade é mais verdade quando manifesta-se nua, livre de adornos e palavreados…Falou-se aqui de guerra internacional em defesa da civilização cristã; eu próprio o fiz outra vezes. Mas não, a nossa é apenas uma guerra incivil”, disse Unamuno.
“Me conhecem bem e sabem que não sou capaz de ficar em silêncio. Às vezes, ficar calado é o mesmo que mentir, pois o silêncio pode ser interpretado como aceitação”.
“Gostaria comentar o discurso, para chamá-lo de algum modo, do general Millán Astray, que se encontra aqui entre nós. Vencer não é convencer e é preciso convencer, principalmente, e não pode convencer o ódio que não deixa lugar para a compaixão. Vou ignorar a afronta pessoal da súbita onda de vitupérios que ouvi contra bascos e catalães. Eu mesmo, que dúvida cabe disso, nasci em Bilbao. O bispo, goste ou não, é catalão de Barcelona. Ele ensina a doutrina cristã que o sr (dirigindo-se a Millán Astray) não aprende. E eu, que sou basco, passei a vida ensinando a vocês o idioma espanhol, que o sr não conhece”.
Vestido de preto, com presença majestosa com sua barba branca, disse com voz firme, mas serena: “acabo de ouvir o necrófilo grito de ‘viva a morte!’, que para mim é como gritar ‘morte à vida’ ”.
Um close up na dupla: o cara da esquerda governaria a Espanha durante 4 décadas, mergulhando o país no atraso tecnológico e econômico, além de atrasar a vida cultural do país (e isolando o país durante longo tempo). O sujeito da direita seria o encarregado da propaganda oficial e imprensa durante certo tempo. Sem querer parecer preconceituoso contra as aparências físicas…mas se vocês derem de cara com um dos dois na rua, a partir das 19:00 hs, não sairiam correndo?
Na seqüência, indignado e enojado com os crimes, a censura e a perseguição cultural que os rebeldes estavam protagonizando, Unamuno diz:
“E eu, que passei toda a vida a criar paradoxos que provocaram a reprovação e a zanga daqueles que não os compreenderam, tenho que lhes dizer, com autoridade na matéria, que este ridículo paradoxo me parece repelente. Uma vez que foi proclamada em homenagem ao último orador, entendo que foi a ele dirigida, se bem que de uma forma excessiva e tortuosa, como testemunho de que ele próprio é um símbolo da morte. E outra coisa (Unamuno, nesse momento, começa a exaltar-se com as próprias palavras)…o general Millán-Astray é um inválido. Não é preciso que o diga em tom mais baixo. É um inválido de guerra. Também o foi Cervantes. Porém os extremos não servem como norma. Desgraçadamente, hoje em dia há demasiados inválidos. E depressa haverá mais se Deus não nos ajudar. Me dói o fato de pensar que o general Millán-Astray possa ditar normas de psicologia de massas. Um inválido que não tenha a grandeza espiritual de Cervantes, que era um homem, não um super-homem, viril e completo apesar das suas mutilações, um inválido, como disse, que não possua essa superioridade de espírito, costuma sentir-se aliviado vendo como aumenta o número de mutilados em seu redor. O general Millán-Astray gostaria de criar uma Espanha nova, criação sem dúvida negativa, à sua própria imagem. Por isso ele desejaria uma Espanha mutilada”.
Millán Astray – que detestava Unamuno – fica encolerizado e grita “Morte à inteligência!”. O público completa aos brados: “viva a morte!”. Os militares da Legião sacam suas armas dos coldres. Unamuno, aparentemente sozinho nesse recinto, não se intimida. Millán Astray continua gritando “morte à inteligência!” e de repente ficam sem voz, afônico.
Subitamente, após os gritos dos falangistas, um silêncio aparentemente interminável toma conta do recinto da velha universidade. Todos olham na direção de Unamuno.
Ele fica em pé. E concluiu sua derradeira lição magistral.
“Este é o templo da inteligência! E eu sou o seu supremo sacerdote! Vocês estão profanando o seu recinto sagrado. Sempre fui, apesar do que diz o provérbio, profeta em meu próprio país. Vencereis, mas não convencereis. Vencereis porque possuem a força bruta de sobra. Mas não convencereis, porque convencer significa persuadir. E para persuadir precisam de uma coisa que lhes falta – razão e direito na luta. E parece-me inútil pedir-lhes que pensem na Espanha”.
Unamuno só conseguiu sair vivo do recinto de cerimônias de Salamanca porque Carmen Polo Franco deu o braço a Unamuno e – depois de passar pela massa que apontava seus revólveres contra a cabeça do filósofo, no meio de vaias e gritos – o acompanhou até sua casa, para protegê-lo da fúria dos falangistas, que o queriam linchar. Carmen, mais tarde, foi recriminada por Franco, que durante horas reclamou de sua atitude e por não ter permitido que executassem o filósofo “traidor” após o discurso.
No dia 22 Franco o destitui do cargo de reitor.
Dias depois, recebe o escritor grego Nikos Kazantzakis, a quem diz: “um dia, em breve, me levantarei e começarei uma luta pela liberdade, eu sozinho. Não sou fascista nem bolchevique. Sou um solitário”.
No dia 31 de dezembro de 1936, enquanto as tropas de Franco avançavam pela Espanha, Unamuno falece."
Repare-se que comemoravam os fascistas o "Dia da Raça", hoje denominado "Dia da Hispanidade". Note-se que Cavaco Silva desenterrou recentemente a denominação de má memória "Dia da Raça".