segunda-feira, 11 de fevereiro de 2013

Touchscreen

(publicado no The New Yorker)

domingo, 10 de fevereiro de 2013

Conversa interessantíssima


Um novo espaço, designado "Forma de vida" que se define como "um fórum bimestral de literatura e ideias". Disponível, para além de um vídeo e do primeiro número da revista eletrónica, uma entrevista a Ricardo Araújo Pereira. Conversa séria, intelectual e, como não podia deixar de ser, com muita graça. Humor inteligente!
https://formadevida.org/podcast/

Ganhar batalhas, perder a guerra


"Cada vez que me gana el pesimismo sobre Israel y pienso que la derechización de su sociedad y sus gobiernos son irreversibles y seguirán empujando al país hacia una catástrofe que abrasará a todo el Medio Oriente y acaso al mundo entero, algo ocurre que me devuelve la esperanza. Esta vez han sido una conferencia de David Grossman, en el Hay Festival de Cartagena, y el estreno, aquí en Nueva York, en el cinema del Lincoln Plaza —un sótano que por su programación, su público y hasta por su olor me recuerda a los queridos cinemas de arte parisinos de la rue Champollion— del documental The Gatekeepers(Los Guardianes), de Dror Moreh. Ambos testimonios prueban que todavía hay un margen de lucidez y sensatez en la opinión pública de Israel que no se deja arrollar por la marea extremista que encabezan los colonos, los partidos religiosos y Benjamin Netanyahu.
David Grossman no es sólo un excelente novelista y ensayista; también una figura pública que defiende la negociación entre Israel y Palestina, la cree todavía posible y está convencido de que en el futuro ambos Estados pueden no sólo coexistir sino colaborar en pos del progreso y la paz del Medio Oriente. Habla despacio, con suavidad, y sus argumentos son rigurosos, sustentados en convicciones profundamente democráticas. Fue uno de los seguidores más activos del movimiento “Paz, ahora”, y ni siquiera su tragedia familiar recientemente padecida —la pérdida de un hijo militar, en la última guerra en la frontera del Líbano— ha alterado su vocación y su militancia pacifistas. Sus primeros libros incluían muchas entrevistas y relatos de sus conversaciones con los palestinos que a mí me sirvieron de brújula para entender en toda su complejidad las tensiones que recorren a la sociedad israelí desde el nacimiento de Israel. Su conmovedora intervención, durante el Hay Festival, en Cartagena, fue escuchada con unción religiosa por los centenares de personas que abarrotaban el teatro.
El documental del cineasta israelí Dror Moreh es fascinante y no me extraña que haya sido seleccionado entre los candidatos al Oscar en su género. Consiste en entrevistas a los seis exdirectores del Shin Bet, el servicio de inteligencia de Israel, es decir, los guardianes de su seguridad interna y externa, quienes, desde la fundación del país, en 1948, han combatido el terrorismo dentro y fuera del territorio israelí, decapitado múltiples conspiraciones de sus enemigos, liquidado a buen número de ellos en atentados espectaculares y sometido a la población árabe de los territorios ocupados a un escrutinio sistemático y a menudo implacable. Parece inconcebible que estas seis personas, tan íntimamente compenetradas con los secretos militares más delicados del Estado israelí, hablen con la franqueza y falta de miramientos con que lo hacen ante las cámaras de Dror Moreh. Una prueba relevante de que la libertad de opinión y de crítica existe en Israel. (El director de la película ha explicado que, al pasar esta por la seguridad del Estado, ya que aludía a cuestiones militares, sólo recibió dos ínfimas sugerencias, a las que accedió).
El Shin Bet ha sido muy eficaz impidiendo atentados contra los gobernantes israelíes tramados por terroristas islámicos, pero no pudo atajar el asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin, el gestor de los Acuerdos de paz de Oslo, por un fanático israelí. Eso sí, consiguió evitar el complot de un grupo terrorista de judíos ultra religiosos que se proponía dinamitar la Explanada de las Mezquitas o Monte del Templo, lo que sin duda hubiera provocado en todo el mundo musulmán una reacción de incalculables consecuencias.
“Para combatir al terror hay que olvidarse de la moral”, dice Avraham Shalom, quien debió renunciar al Shin Bet en 1986 por haber ordenado asesinar a dos palestinos que secuestraron un autobús. Anciano y enfermo, Shalom es uno de los más fríos y destemplados de los seis entrevistados a la hora de describir al Israel de nuestros días. “Nos hemos vuelto crueles”, afirma. Y, también, que se ha perdido el idealismo y el optimismo que caracterizaba a los antiguos sionistas. Los gobiernos de ahora, según él, evitan tomar decisiones de largo aliento. “Ya no hay estrategia, sólo tácticas”.
Por su parte, Ami Ayalon, que dirigió el Shin Bet entre 1996 y 2000, lamenta que sus compatriotas no quieran ver ni oír lo que ocurre a su alrededor. “Cuando las cosas se ponen feas, dice, lo más fácil es cerrar los oídos y los ojos”. La frase que más me impresionó en todo el documental la dice él mismo: “Ganamos todas las batallas, pero perdemos la guerra”. Yo creo que no hay mejor definición de lo que puede ser el futuro de Israel si sus gobiernos no enmiendan la política de intransigencia y de fuerza que ha sido la suya desde el fracaso de las negociaciones con los palestinos de Camp David y Taba.
Contrariamente a lo que se esperaría de estos hombres duros, que han tomado decisiones dificilísimas, a veces sangrientas y feroces, en defensa de su país, ninguno de ellos defiende las posiciones de esa línea fanática y sectaria que encarna el movimiento de los colonos, empeñados en rehacer el Israel bíblico, o el partido del ex ministro de Relaciones Exteriores de Netanyahu, Avigdor Lieberman. Aunque con matices, los seis, de manera muy explícita consideran que la ocupación de los territorios palestinos, la política de extender los asentamientos y la pura fuerza militar han fracasado y preludian, a la corta o a la larga, un desastre para Israel. Y que, por ello, este país necesita un gobierno con genuino liderazgo, capaz de retirarse de los territorios ocupados como Ariel Sharon retiró a las colonias de la Franja de Gaza en 2005. Los seis son partidarios de reabrir las negociaciones con los palestinos. Avraham Shalom, preguntado por Dror Moreh si ese diálogo debería incluir a Hamás, responde: “También”. Y apostilla, aunque sin ironía: “Trabajar en el Shin Bet nos vuelve un poco izquierdistas, ya lo ve”.
Escuché al director de The Gatekeepers la noche del estreno de su película en Nueva York y las cosas sensatas y valientes que decía se parecían como dos gotas de agua a las que le había oído, unos días antes, en Cartagena, a David Grossman. “¿Qué se puede hacer para que esa opinión pública que no quiere ver ni oír lo que ocurre, se vea obligada a hacerlo?”, le preguntó una espectadora. La respuesta de Dror Moreh fue: “El presidente Obama debe actuar”.
Su razonamiento es simple y exacto. Estados Unidos es el único país en el planeta que tiene todavía influencia sobre Israel. No sólo por la importante ayuda económica y militar que le presta, sino porque, enfrentándose a veces al mundo entero, sigue apoyándolo en los organismos internacionales, vetando en el Consejo de Seguridad todas las resoluciones que lo afectan, y porque en la sociedad estadounidense las políticas más extremistas del gobierno israelí cuentan con poderosos partidarios. Conscientes del desprestigio internacional que sus gobiernos le han ganado, de las amonestaciones y condenas frecuentes que recibe de las Naciones Unidas y de organizaciones de derechos humanos debido a la expansión de los asentamientos y su reticencia a abrir negociaciones serias con el Gobierno palestino, Israel se ha ido aislando cada vez más de la comunidad internacional y encerrándose en la paranoia —“El mundo nos odia, el antisemitismo triunfa por doquier”— y en un numantismo peligroso. Sólo Estados Unidos puede convencer a Netanyahu de que reabra las negociaciones y acelere la constitución de un Estado Palestino y de acuerdos que garanticen la seguridad y el futuro de Israel. David Grossman y Dror Moreh lo creen así y con constancia y valentía, en sus campos respectivos, obran para que ello se haga realidad.
Ojalá ellos y los israelíes que piensan todavía como ellos consigan su designio de diálogo y de paz. Yo tengo algunas dudas porque también en Estados Unidos hay muchísima gente que, cuando se trata de Israel, prefiere taparse las orejas y los ojos en vez de encarar la realidad."
Mario Vargas Llosa, El País de hoje

sábado, 9 de fevereiro de 2013

A Origem do Mundo tem face?


A vulva seminal de Gustave Courbet em A Origem do Mundo pode associar-se pela primeira vez a uma cara prazenteira? Como uma peça de um puzzle, a revista Paris Match publica esta semana a história do perito francês que diz ter identificado a modelo de Courbet numa outra pintura, adquirida por um coleccionador num antiquário. Mas outros peritos desconfiam: a história da “descoberta” do novo quadro parece ser demasiado boa para ser verdade e tecnicamente há muito de “duvidoso” na tentativa de emparelhamento das duas pinturas.
Retrato de uma vulva hirsuta, aberta a reacções e interrogações, A Origem do Mundo do mestre francês já motivou apreensões de livros que a tinham na capa (em 2009, em Braga) e andou por colecções privadas grande parte do século XX. É, portanto, uma das pinturas mais reconhecíveis e mais dadas à polémica, mas menos expostas ao público da arte. E, no entanto, não é um rosto, como o de Mona Lisa, que a torna facilmente identificável. Agora, o autor do catalogue raisonné da obra de Courbet, Jean-Jacques Fernier, garante na revista semanal francesa Paris-Match que esta é mesmo uma peça em falta num puzzle cuja existência se desconhecia.
O especialista na obra do pintor francês (1819-1877) explica à Paris-Match que em Janeiro de 2010 um colecionador que apenas quer ser conhecido como “John” comprou a tela de 33X41 centímetros num antiquário de Paris por 1400 euros. A pintura retrata uma mulher com uma expressão de deleite e entrega e “John” tê-la-á entregue a Fernier, que por seu turno a passou a um laboratório especializado.
O perito admite não ter acreditado inicialmente na possibilidade de aquela pintura de uma mulher retratada apenas do pescoço para cima – A Origem do Mundo representa uma mulher dos ombros até aos joelhos – pudesse ser a cabeça daquele corpo da famosa pintura de Courbet. Mas, agora, Fernier não só acredita que é a mesma mulher, como também a identifica: será Joanna Hiffernan, a modelo e amante irlandesa do pintor James Whistler. O pintor ter-lhe-á omitido o rosto para proteger a identidade da modelo, teoriza Fernier.
O Museu d'Orsay, em Paris, que tem A Origem do Mundo na sua colecção desde o início da década de 1990, quando a sua última proprietária particular, Sylvia Bataille (mulher de Georges Bataille e de Jacques Lacan), morreu e a pintura foi entregue ao Estado francês, recusou comentar o caso. Disse, ainda assim à AFP, que os seus conservadores têm “o dever de reserva, tratando-se de obras nas mãos de particulares”.
Um mistério sem pistas
Fernier diz encontrar semelhanças no tom da obra, entre outros detalhes técnicos, que são desmontados por outros especialistas. O jornal especializado La Tribune de l’Art chama à capa da Paris-Match uma “falsa cacha” e lamenta que “o perito, respeitado especialista na obra de Courbet, possa dar prova de uma tal ligeireza” ao confirmar a análise científica do laboratório.  
Hubert Duchemin, outro grande conhecedor de pintura, não hesita, em declarações à AFP: “Os dois quadros não vêm do mesmo pincel.” Esta sexta-feira, o diário Le Monde publica um texto do crítico de arte e escritor Philippe Dagen em que, além da história quase romanesca do coleccionador que descobre um tesouro por uma pechincha num antiquário parisiense empoeirado – “bela história, ainda que assaz previsível” –, questiona a técnica e a própria ideia do “corte”.
Por que é que “nenhum dos contemporâneos que viu a obra – sobretudo [o escritor e fotógrafo] Maxime du Camp – não disse uma palavra sobre tal operação? E por que é que Khalil-Bey [diplomata turco que foi dono de A Origem do Mundo] teria aceitado ficar com um bocado e não com a obra inteira?”, pergunta.
A mais famosa obra de Courbet, que Gérard Lefort, jornalista do Libération, comparou há alguns anos à sua equivalente de Leonardo da Vinci - é "a Mona Lisa do sorriso vertical" –, foi uma encomenda do milionário turco-egípcio Khalil-Bey, que a expunha na casa de banho, dada a temática e o realismo da pintura. “Não era possível vender um quadro tão erótico naquela altura [final do século XIX], era impensável”, explicou Fernier à Reuters. “Quando Khalil-Bey o comprou, Courbet tirou-lhe a cabeça”, disse o perito à agência de notícias britânica na véspera da publicação das dúvidas de Dagen nas páginas do jornal Le Monde.  
Na quinta-feira, quando a revista anunciou na capa a sua “descoberta”, o Le Figaro desconfiou da veracidade da teoria de Fernier e da ideia de que existiriam outras partes da obra. Seguiu-se o conservador do Museu Courbet, em Ornans, cidade onde o pintor nasceu, que frisou à AFP que “A Origem do Mundo sempre foi descrita pelos críticos da época como uma mulher sem cabeça nem pernas”. E acrescentou que Hifferman foi retratada pelo pintor inúmeras vezes. “Era ruiva e acho que [esses retratos] se parecem pouco com a cara da morena no quadro da Paris-Match.
Tecnicamente, Dagen reitera as suas reservas: “A proximidade estilística [entre as obras ] é duvidosa. Nem a luz, nem o toque, nem a textura da pele, nem o cromatismo são homogéneos. Supondo que, se esta face [retratada] é de Courbet, datará do começo da sua carreira.”
(do site do jornal Público)

Rui Cardoso comenta o Expresso


Sem a cultura, para que é que estamos a lutar?


"Para esquecer maleitas e desgraças afins, nada melhor do que enchermo-nos de coragem...e desatar a rasgar papéis. Mas às vezes temos de parar.Porque de repente nos cai nas mãos, vinda sabe-se lá donde, memória de um tempo que julgávamos esquecido, ou em que já não pensávamos há anos. Uma fotografia.
Olho para ela e lembro-me de tudo.
E porque os nossos chefes de redacção nos ensinavam que devíamos sempre escrever todos os elementos nas costas das fotografias, esta, que tem o carimbo do DN, diz-me que foi tirada no Teatro da Trindade, a 20 de Setembro de 1978, pelo meu camarada de redacção Luís Saraiva. Os fotografados são Anna Máscolo e Anton Dolin.
Acho que me lembro deste dia do princípio ao fim. Da entrevista que fiz a ambos, da conversa que se prolongou tarde fora, da verdadeira força da natureza que era (e é...) a Anna, ao lado da aparente fragilidade do Anton Dolin - e eu nas nuvens, porque estava a falar com dois monstros da dança. Fiquei amiga da Anna até hoje.
Sorrio para a fotografia, e tenho a certeza de que nenhum chefe de redacção me daria hoje uma página inteira do jornal do dia (e o DN tinha ainda aquele formato gigantesco!) para eu encher com uma conversa sobre dança. E porque estas coisas andam todas ligadas, penso no pouco espaço que há hoje para a cultura, na pouca atenção dos governantes - como se ela fosse dispensável, uma espécie de traste que herdámos dos antepassados e estamos mortinhos por deitar fora. Daí que nem me espante a ideia de acabar com o Ministério da Cultura.
E agora deixem-me terminar esta crónica com uma história do século passado.
Durante a guerra, a Inglaterra fazia esforços titânicos para se aguentar com as despesas. Um dia, propuseram a Churchill, para ajudar o "esforço de guerra", como então se dizia, cortes muito substanciais na cultura.
Churchill recusou. Sem a cultura, "what are we fighting for?" ("por que é que estamos a lutar?")
Outro tempo, claro.
Outra gente, também."
Alice Vieira, no Jornal de Notícias de 3 de junho de 2011.

sexta-feira, 8 de fevereiro de 2013

Impressionismo e ar livre. De Corot a Van Gogh

Camille Corot (1796 – 1875), The Waterfall of the Marmore, Terni, c.1826
A exposição "Impressionismo e ar livre" está patente, até ao dia 12 de maio, no Museu Thyssen-Bornemisza. São 116 obras pintadas ao ar livre da autoria de Corot, Turner, Constable, Rousseau, Courbet, Monet, Sisley, Renoir, Cézanne e Van Gogh, entre outros.