domingo, 4 de março de 2012

¿Qué aflige a Europa?

Trabajadores de la fábrica portuguesa Valadares protestan en demanda de dos meses de salario. / PAULO DUARTE (AP)

Artigo de Paul Krugman publicado hoje no site do jornal "El País":

Las cosas están fatal en Lisboa, Portugal, donde el desempleo se ha disparado por encima del 13%. Las cosas están todavía peor en Grecia, Irlanda, y podría decirse que también en España, y Europa en su conjunto parece estar volviendo a caer en la recesión. ¿Por qué se ha convertido Europa en el enfermo de la economía mundial? Todo el mundo sabe la respuesta. Por desgracia, la mayor parte de lo que la gente sabe no es cierto, y las historias falsas sobre las tribulaciones de Europa están contaminando nuestro discurso económico.

Si leemos un artículo de opinión sobre Europa —o, con demasiada frecuencia, un reportaje de prensa que supuestamente se atiene a los hechos— lo más probable es que nos encontremos con una de dos historias, que yo distingo como versión republicana y versión alemana. Ninguna de las dos se corresponde con los hechos.

La versión republicana —es uno de los temas centrales de la campaña de Mitt Romney— es que Europa está en apuros porque se ha esforzado demasiado en ayudar a los pobres y a los desafortunados, que estamos observando los últimos estertores del Estado del bienestar. Por cierto, que esta historia es una de las eternas cantinelas del ala derecha. Allá por 1991, cuando Suecia atravesaba una crisis bancaria provocada por la liberalización (¿les suena?), el Instituto Cato publicó un jactancioso informe en el que afirmaba que esto demostraba el fracaso de todo el modelo del Estado del bienestar. ¿He mencionado ya que Suecia, un país que sigue teniendo un Estado del bienestar sumamente generoso, es en la actualidad uno de los países más productivos, con una economía que crece más rápidamente que la de cualquier otra nación rica?

Pero hagamos esto de modo sistemático. Fijémonos en los 15 países europeos que usan el euro (dejando a un lado Malta y Chipre), y clasifiquémoslos según el porcentaje del PIB que gastaban en programas sociales antes de la crisis. ¿Destacan los países GIPSI (siglas en inglés de Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia) por sus Estados del bienestar excesivamente grandes? No, no lo hacen. Solo Italia se encontraba entre los cinco primeros, y a pesar de ello, su Estado del bienestar era más pequeño que el de Alemania. De modo que los Estados del bienestar excesivamente grandes no han sido la causa de los problemas.

A continuación, la versión alemana, que es que todo es cuestión de irresponsabilidad fiscal. Esta historia parece encajar con Grecia, pero con ningún otro país. Italia registraba déficits en los años anteriores a la crisis, pero eran solo ligeramente más altos que los de Alemania (la elevada deuda italiana es el legado de las políticas irresponsables que siguió hace muchos años). Los déficits de Portugal eran considerablemente más pequeños mientras que España e Irlanda presentaban, de hecho, superávits.

Ah, y los países que no pertenecen al euro parecen capaces de registrar grandes déficits e incurrir en grandes deudas sin enfrentarse a ninguna crisis. Reino Unido y Estados Unidos pueden obtener préstamos a largo plazo con unos tipos de interés en torno al 2%, y Japón, que está muchísimo más endeudado que cualquier país europeo, incluida Grecia, solo paga un 1%. En otras palabras, la helenización de nuestro discurso económico, según la cual nos faltan uno o dos años de déficits para convertirnos en otra Grecia, es un completo disparate.

Entonces, ¿qué es lo que aflige a Europa? La verdad es que la historia es fundamentalmente monetaria. Al introducir una moneda única sin las instituciones necesarias para que la moneda funcionara, Europa reinventó a efectos prácticos los defectos del patrón oro, defectos que desempeñaron un importante papel a la hora de causar y perpetuar la Gran Depresión.

Más concretamente, la creación del euro fomentó una falsa sensación de seguridad entre los inversores privados, y desencadenó unos movimientos de capital enormes e insostenibles hacia países de toda la periferia europea. Como consecuencia de estas entradas de capital, los costes y los precios aumentaron, el sector industrial perdió competitividad, y los países que tenían un comercio más o menos equilibrado en 1999 empezaron a registrar grandes déficits comerciales. Luego paró la música.

Si los países periféricos siguieran teniendo su propia moneda, podrían recurrir y recurrirían a la devaluación para restaurar rápidamente la competitividad. Pero no la tienen, y eso significa que les espera un largo periodo de desempleo masivo y una deflación lenta y demoledora. Sus crisis de deuda son básicamente un subproducto de este triste panorama, porque las economías deprimidas provocan déficits públicos y la deflación magnifica la carga de la deuda.

Ahora bien, el entender la naturaleza de los problemas de Europa no beneficia especialmente a los propios europeos. Los países afligidos, en concreto, no tienen nada excepto malas alternativas. O bien sufren el dolor de la deflación o toman la drástica medida de abandonar el euro, lo cual no será políticamente factible hasta que, o a menos que, todo lo demás fracase (un punto al que parece estar aproximándose Grecia). Alemania podría ayudar si suprimiera sus políticas de austeridad y aceptara una inflación más elevada, pero no va a hacerlo.

Sin embargo, para el resto de nosotros, enderezar a Europa supondría una gran diferencia, porque las falsas historias sobre Europa se están utilizando para promover políticas que serían crueles, destructivas, o ambas cosas. La próxima vez que oigan a la gente citar el ejemplo de Europa para exigir que destruyamos nuestros programas de protección social o recortemos el gasto para hacer frente a una economía profundamente deprimida, esto es lo que necesitan saber: no tienen ni idea de lo que están hablando.

A Porta do Inferno

A Porta do Inferno – Auguste Rodin – Museu d’Orsay, Paris – foto de Beatriz Brasil

A história da arte é uma história de intercâmbio no espaço, de intercâmbio no tempo e entre as várias formas de arte. Veja-se a porta do Inferno, de Rodin, encomendada em 1880 e inspirada na "Divina Comédia", de Dante. Concebida em bronze, tem 180 figuras de diferentes dimensões. Algumas delas acabaram por ser reproduzidas em tamanho maior, como esculturas independentes. É o caso de "O Pensador". Daquela grande escultura, refere Siza, "saíram obras de arte extraordinárias, mas o resultado da porta é confuso. Não é nada brilhante. Não poria esta porta num edifício". A porta de Auguste Rodin "é o reflexo de algo que acontece naquela altura, e passa por uma separação entre as artes. Já não há aquela complementaridade, mas começa a ser escultura uma coisa, pintura outra, arquitetura outra e por aí fora. É uma época riquíssima no panorama artístico, mas acontece essa disseminação que só mais tarde viria a ser atacada e considerada".
(excerto do artigo de Valdemar Cruz "O horror ao vazio e ao silêncio" - suplemento Atual do Expresso de ontem)

O horror ao vazio e ao silêncio

Desenho de Álvaro Siza
O arquiteto Álvaro Siza diz: "o nada, o aparente nada, às vezes é o mais importante, mas existe uma doença contemporânea muito grave que é o horror ao vazio. Quando se faz uma praça ou o seu arranjo, mete-se sempre mais um quiosque, mais qualquer coisa para as crianças, painéis publicitários, mais uma infinidade de indicações de percursos, até as pessoas ficarem baralhadas. O vazio, tal como o silêncio, provoca medo. Isso é algo de muito contemporâneo."
(do artigo, da autoria de Valdemar Cruz, publicado no suplemento Atual do Expresso de ontem)

quinta-feira, 1 de março de 2012

Alfred Hitchcock

“Nunca filmo uma fatia de vida porque as pessoas podem muito bem encontrar isso em casaou na rua, ou até diante da porta do cinema. Não precisam de pagar para ver uma fatia da vida. Por outro lado, afasto igualmente todos os produtos de pura fantasia, porque é importante que o público possa reconhecer-se nas personagens. Rodar filmes, para mim, quer dizer em primeiro lugar, e antes de tudo, contar uma história. Essa história pode ser inverosímil, mas nunca deve ser banal. É preferível que seja dramática e humana. O drama é uma vida de que se eliminaram os momentos aborrecidos. A seguir entra em jogo a técnica e aí, sou inimigo do virtuosismo. É preciso acrescentar técnica à acção. Não se trata de colocar a câmara num ângulo que provoque entusiasmo no chefe operador. A única questão que me ponho é de saber se a instalação neste ou naquele sítio permite dar à cena a sua força máxima. A beleza das imagens, a beleza dos movimentos, o ritmo, os efeitos, tudo deve ser submetido e sacrificado à acção.”

Alfred Hitchcock

Fonte: Cineclube de Viseu

Central Hidroelétrica do Tua

O arquiteto Souto Moura apresentou hoje, no Porto, o seu projeto para o edifício do aproveitamento hidroelétrico da Foz do Tua, cuja obra começou no ano passado. A obra, a primeira deste arquiteto numa barragem, traduz o objetivo da EDP em "reduzir o impacto dessa infraestrutura na paisagem do Douro".

A obra, quase integralmente subterrânea adopta formas e materiais característicos da região. À superfície, descreveu Souto Moura "tendo como pano de fundo a barragem, e em primeiro plano a ponte do engenheiro Edgar Cardoso, a imagem do edifício da Central ficará reduzido a um complexo de máquinas que obrigatoriamente deverá ficar no exterior, na natureza, artificialmente natural".

Notícia retirada daqui.

A revista Visão também noticia o assunto, dando destaque à frase de Eduardo Souto de Moura: "Faz-me impressão o maniqueísmo: a barragem é má, o betão é mau, o verde é bom. E a energia eólica custa seis vezes mais do que a hídrica".

Paul Krugman ao Expresso


Paul Krugman diz que a austeridade é um caminho errado para a Europa mas não pode ser Portugal a invertê-lo sozinho.
Excertos da entrevista concedida por Paul Krugman ao Expresso, aqui

Não culpem o Rio, por Michel Rocard

Estamos há pouco mais de uma década no século XXI, mas um terrível precedente já foi estabelecido: todas as grandes negociações internacionais e principais esforços de cooperação iniciados neste século terminaram, até agora, em fracasso.

Em relação ao meio ambiente, a luta contra o aquecimento global chegou a um impasse, com as três últimas conferências anuais sobre as alterações climáticas das Nações Unidas, em Copenhaga, Cancún e Durban, a falharem na renovação do Protocolo de Quioto.



Da mesma forma, apesar da conferência do ano passado em Paris, para rever o Tratado de Não Proliferação e as subsequentes conversações entre o presidente dos EUA, Barack Obama, e o presidente russo Dmitri Medvedev sobre o desarmamento nuclear, em Nova Iorque, terem feito notáveis avanços, os resultados estiveram muito aquém de garantirem um futuro livre de armas nucleares.



A lista continua: eventos no Médio Oriente acabaram com todas as hipóteses de paz na região, as medidas tomadas para ajudar na recuperação mundial - incluindo as melhorias reguladoras, como a separação entre a banca de retalho e de investimento, a eliminação dos paraísos fiscais e a repressão dos conflitos de interesses das agências de notação de crédito - foram fracas; e as duas últimas reuniões do G-20 registaram falhas graves.



As causas e as partes responsáveis por essas falhas são diversas, mas há uma constante: nos últimos anos, a retórica nacionalista, até mesmo xenófoba, intensificou-se dramaticamente. O patriotismo e a supremacia são hoje em dia enfatizados mais insistentemente, enquanto expressões de desconfiança dos “outros” têm aparecido em toda parte - inclusive no Oceano Ártico, onde o Canadá e a Rússia estão envolvidos em algo a que um especialista apelidou de “Guerra Fria light”.



A consequência da crescente balcanização da comunidade internacional é que as conferências voltadas para o consenso tendem a terminar em impasses. Estas falhas não significam que a maioria das pessoas em todo o mundo não concorde totalmente com estas questões, ou que essas pessoas não estejam preparadas para tomarem decisões atempadas ou até mesmo corajosas. Infelizmente, os sentimentos das pessoas comuns raramente triunfam quando os governos se reúnem.



A conclusão é inevitável: é a procura do consenso absoluto - unanimidade - que está a comprometer o progresso das principais preocupações mundiais. As negociações voltadas para o consenso podem resultar quando um tratado é feito entre vencedores e vencidos - o forte e o fraco. Após a I Guerra Mundial, as potências aliadas tentaram promover a paz internacional através da criação da Liga das Nações. Mas o requisito de unanimidade da Liga deu, efectivamente, o poder de veto a todos os membros e a recusa do Senado dos Estados Unidos em ratificar o seu Tratado condenou o esforço a uma morte prematura.



O fracasso abjecto da Liga para evitar a II Guerra Mundial resultou num segundo esforço para criar cortesia internacional após o fim dos combates. A nova ONU estava muito melhor estruturada do que a sua antecessora e o mundo ganhou uma instituição que promove o debate e a tomada de decisão deliberativa de forma muito mais vigorosa da que é possível em organizações conduzidas pelo consenso.



Mas uma mudança que contradiz o espírito da Carta das Nações Unidas ocorreu. Num esforço para evitar resoluções ou medidas que expõem os seus desacordos, as grandes potências mundiais adoptaram o hábito de organizar debates e conferências em todo o mundo que façam regressar a tomada de decisão por consenso.



De acordo com a Carta das Nações Unidas, o foco principal da Assembleia Geral e do Conselho de Segurança é promover a segurança internacional. Mas a ONU tornou-se o “operador geral” para as conferências mundiais, agindo como administrador e fornecedor de serviços e instalações (tais como locais e intérpretes) para eventos que oficialmente não fazem parte das suas operações principais. Como resultado, a ONU está a assumir cada vez mais a culpa pelas falhas destas conferências, que só não deixam as questões em aberto, mas também comprometem a autoridade da ONU.



A conferência Rio+20, que examinará os progressos realizados desde a primeira “Cimeira da Terra” no Rio de Janeiro há 20 anos, terá lugar na mesma cidade em Junho deste ano. Concebida com um vasto conjunto de objectivos, incluindo um destaque tanto para a economia verde como para o desenvolvimento sustentável, a conferência parece condenada ao fracasso. Sem consenso, nenhuma acção pode ser tomada e haver consenso será impossível.É claro, há a hipótese de que o mundo reconhecerá o seu dilema no Rio. Se a maioria dos países presentes se atrever a declarar que exigir o consenso é equivalente a impor a paralisia e se insistir em seguir os procedimentos de votação consagrados na Carta das Nações Unidas, poderemos ver progressos enormes.



O aquecimento global e a crise económica estão a ameaçar a segurança internacional. Só isso justifica referir estas questões na Assembleia Geral da ONU, que, ao contrário do Conselho de Segurança, não conhece o poder de veto. Uma declaração forte e um apelo às medidas vinculativas para abordar essas questões seriam então possíveis.



As crises económica e ambiental com que nos deparamos são demasiado urgentes para participar em jogos que dão a aparência de unanimidade internacional. Está mais do que na hora de abordar não só o aquecimento global e a crise económica, mas também o processo de tomada de decisão internacional. Por que não começar com o Rio?
(Do site do jornal Público)