terça-feira, 3 de janeiro de 2012

Keynes tinha razão

Artigo publicado no El País:

"La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal". Eso declaraba John Maynard Keynes en 1937, cuando Franklin Delano Roosevelt estaba a punto de darle la razón, al intentar equilibrar el presupuesto demasiado pronto y sumir la economía estadounidense -que había ido recuperándose a ritmo constante hasta ese momento- en una profunda recesión. Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más; la austeridad debe esperar hasta que se haya puesto en marcha una fuerte recuperación.

Por desgracia, a finales de 2010 y principios del 2011, los políticos y legisladores en gran parte del mundo occidental creían que eran más listos, que debíamos centrarnos en los déficits, no en los puestos de trabajo, a pesar de que nuestras economías apenas habían empezado a recuperarse de la recesión que siguió a la crisis financiera. Y por actuar de acuerdo con esa creencia antikeynesiana, acabaron dándole la razón a Keynes una vez más.

Lógicamente, al reivindicar la economía keynesiana chocó con la opinión general. En Washington, en concreto, la mayoría considera que el fracaso del paquete de estímulos de Obama para impulsar el empleo ha demostrado que el gasto público no puede crear puestos de trabajo. Pero aquellos de nosotros que hicimos cálculos, nos percatamos, ya desde el primer momento, de que la Ley de Recuperación y Reinversión de 2009 (más de un tercio de la cual, por cierto, adquirió la relativamente ineficaz forma de recortes de impuestos) se quedaba demasiado corta teniendo en cuenta la gravedad de la recesión. Y también predijimos la violenta reacción política a la que dio lugar.

De modo que la verdadera prueba para la economía keynesiana no ha provenido de los tibios esfuerzos del Gobierno federal estadounidense para estimular la economía, que se vieron en buen parte contrarrestados por los recortes a escala estatal y local. En lugar de eso, ha venido de naciones europeas como Grecia e Irlanda que se han visto obligadas a imponer una austeridad fiscal atroz como condición para recibir préstamos de emergencia, y han sufrido recesiones económicas equiparables a la Depresión, con un descenso del PIB real en ambos países de más del 10%.

Según la ideología que domina gran parte de nuestra retórica política, esto no debía pasar. En marzo de 2011, el personal republicano del Comité Económico Conjunto del Congreso publicó un informe titulado Gasta menos, debe menos, desarrolla la economía. Se burlaban de las preocupaciones de que un recorte del gasto en tiempos de una recesión empeoraría la recesión, y sostenían que los recortes del gasto mejorarían la confianza del consumidor y de las empresas, y que ello podría perfectamente inducir un crecimiento más rápido, en vez de ralentizarlo.

Deberían haber sido más listos, incluso en aquel entonces: los supuestos ejemplos históricos de "austeridad expansionista" que empleaban para justificar su razonamiento ya habían sido rigurosamente desacreditados. Y también estaba el vergonzoso hecho de que mucha gente de la derecha ya había declarado prematuramente, a mediados de 2010, que la de Irlanda era una historia de éxito que demostraba las virtudes de los recortes del gasto, solo para ver cómo se agravaba la recesión irlandesa y se evaporaba cualquier confianza que los inversores pudieran haber sentido.

Por cierto que, aunque parezca mentira, este año ha vuelto a suceder lo mismo. Muchos proclamaron que Irlanda había superado el bache, y demostrado que la austeridad funciona (y luego llegaron las cifras, y eran tan deprimentes como antes).

Pero la insistencia en recortar inmediatamente el gasto siguió dominando el panorama político, con efectos malignos para la economía estadounidense. Es verdad que no hubo ninguna medida de austeridad nueva digna de mención a escala federal, pero sí hubo mucha austeridad "pasiva" a medida que el estímulo de Obama fue perdiendo fuerza y los Gobiernos estatales y locales con problemas de liquidez siguieron con los recortes.

Claro que, se podría argumentar que Grecia e Irlanda no tenían elección en cuanto a imponer la austeridad, o, en cualquier caso, ninguna opción aparte de suspender los pagos de su deuda y abandonar el euro. Pero otra lección que nos ha enseñado 2011 es que Estados Unidos tenía y sigue teniendo elección; puede que Washington esté obsesionado con el déficit, pero los mercados financieros están, en todo caso, indicándonos que deberíamos endeudarnos más.

Una vez más, se suponía que esto no debía pasar. Iniciamos 2011 con advertencias funestas sobre una crisis de la deuda al estilo griego que se produciría en cuanto la Reserva Federal dejara de comprar bonos, o las agencias de calificación pusieran fin a nuestra categoría de Triple A, o el superfabuloso comité no consiguiera alcanzar un acuerdo, o algo. Pero la Reserva Federal finalizó su programa de adquisición de bonos en junio; Standard & Poor's rebajó a Estados Unidos en agosto; el supercomité alcanzó un punto muerto en noviembre; y los costes de los préstamos de Estados Unidos no han parado de disminuir. De hecho, a estas alturas, los bonos estadounidenses protegidos de la inflación pagan un interés negativo. Los inversores están dispuestos a pagar a Estados Unidos para que les guarde su dinero.

La conclusión es que 2011 ha sido un año en el que nuestra élite política se obsesionó con los déficits a corto plazo que de hecho no son un problema y, de paso, empeoró el verdadero problema: una economía deprimida y un desempleo masivo.

La buena noticia, por decirlo así, es que el presidente Barack Obama por fin ha vuelto a luchar contra la austeridad prematura, y parece estar ganando la batalla política. Y es posible que uno de estos años acabemos siguiendo el consejo de Keynes, que sigue siendo tan válido hoy como lo era hace 75 años.

domingo, 1 de janeiro de 2012

Melhores livros de 2011

Segundo um inquérito realizado pelo suplemento "Babelia" do jornal "El País" com a participação de 57 dos seus críticos e jornalistas, os melhores livros publicados em 2011, em Espanha, foram:
1 - Los enamoramientos de Javier Marías
2 - Libertad de Jonathan Franzen.
3 - Némesis, de Philip Roth

sexta-feira, 30 de dezembro de 2011

A primeira civilização ateia

Artigo de Jorge Almeida Fernandes, publicado no jornal Público de 24 de Dezembro:

Declarou Vaclav Havel em Setembro de 1994 num discurso na Universidade de Stanford: "O papel do intelectual é, entre outras coisas, antever, como Cassandra, as variadas ameaças, horrores e catástrofes. O papel do político é escutar as vozes de aviso, tomar nota dos perigos e, ao mesmo tempo, pensar intensamente no modo de os afrontar ou prevenir."

Havel acaba de ser homenageado pelo seu papel histórico, pelo combate pela liberdade e pela verdade, como cidadão europeu ou como teórico do "pós-totalitarismo". Foi um dos grandes pensadores políticos da segunda metade do século XX. Tem, no entanto, muitas vidas e vozes - do dramaturgo ao boémio, do político ao profeta. Tentou, ao longo de décadas, deixar-nos um aviso: não tomem nada como automaticamente garantido, pois a nossa civilização corre o risco de catástrofe. É o trabalho de Cassandra, o mais silenciado e o que aqui nos interessa.

Em Outubro de 2010, Vaclav Havel surpreendeu alguns jornalistas no discurso de abertura da 14ª Conferência do Forum 2000 em Praga: "Estamos a viver na primeira civilização global." Ela tem inúmeras vantagens e um grande inconveniente: cada perigo que nasce num ponto do mundo pode tornar-se numa ameaça global.

O escândalo vem na passagem seguinte: "Mas também vivemos na primeira civilização ateia, por outras palavras, numa civilização que perdeu a conexão com o infinito e a eternidade." Apontava-lhe dois efeitos. Primeiro, a preferência pelo ganho a curto prazo. "O que é importante é que um investimento seja rentável em dez ou 15 anos: o modo como afectará as vidas dos nossos descendentes dentro de cem anos é menos importante."

Segundo: o "orgulho", aquilo que os gregos denominavam por hubris, a "ideia arrogante de que conhecemos tudo e que aquilo que ignoramos depressa o descobriremos, porque vamos saber tudo". É a convicção de que o progresso da ciência, da tecnologia e do conhecimento racional em geral "induzem crescimento, mais crescimento e ainda mais crescimento, a começar pela dimensão das aglomerações" - o tema da conferência era a globalização, a urbanização e o planeta.

"Nós esquecemos o que as anteriores civilizações sabiam: nada é evidente por si mesmo. Penso que a recente crise financeira e económica é de extrema importância e constitui, na sua essência, um eloquente sinal para o mundo contemporâneo." Colheu-nos de surpresa. "É um aviso contra a desproporcionada autoconfiança e o orgulho da civilização moderna. (...) O comportamento humano não é totalmente explicável como muitos inventores de teorias e conceitos económicos acreditam. (...) Vejo a recente crise como um pequeno apelo à humildade. Como um pequeno desafio para que não tomemos nada como automaticamente garantido."

Havel suspeita que "a nossa civilização caminha para a catástrofe", a menos que corrija "a sua miopia e a sua estúpida convicção de omnisciência, o seu desmesurado orgulho".

Esta intervenção não encerra novidade, é um tema recorrente em Havel. "A minha principal preocupação não é o terrorismo", declarou em 2007 ao Nouvel Observateur. "É a dinâmica suicidária da evolução da nossa civilização planetária. É como se estivesse obstinada em perseguir objectivos de curto prazo, quando a sorte do planeta exige um mais agudo e voluntário sentido de antecipação."

"Pela primeira vez na História, assistimos ao desenvolvimento desenfreado de uma civilização deliberadamente ateia. Deve alarmar-nos. Quanto a mim, sou apenas meio crente, pois não adiro completamente nem a um único deus, nem a uma religião revelada. Tenho, no entanto, a certeza de que tudo no mundo não é apenas efeito do acaso. Estou convencido de que há um ser, uma força velada por um manto de mistério. E é o mistério que me fascina." Havel não propõe nem a conversão religiosa, nem o misticismo, sublinha a espiritualidade e a necessidade do sentido de transcendência: "A transcendência é a única alternativa real à extinção."

Preveniu no mesmo discurso de Stanford: "Sei que, ao dizer estas coisas, corro o risco de que um exército de cientistas e jornalistas me ponham o rótulo de místico que espalha opiniões obscurantistas. (...) O risco do ridículo é, no entanto, razão insuficiente para guardar silêncio sobre aquilo que considero ser verdadeiro."

É uma linha de pensamento que se filia no próprio passado de combate pela liberdade e pela verdade na Europa de Leste. Escrevia em 1984: "O maior erro que a Europa Ocidental poderia cometer seria não compreender os regimes pós-totalitários tal como eles são em última análise, isto é, um espelho deformador da civilização moderna no seu todo." A derrota do comunismo não resolveria por si a "doença" da civilização ocidental.

Sublinhava noutra entrevista de 2007: "O Ocidente democrático perdeu a capacidade de proteger e cultivar os valores que não cessa de reclamar como seus. (...) O pragmatismo dos políticos que querem ganhar eleições futuras, reconhecendo como suprema autoridade a vontade e os humores duma caprichosa sociedade de consumo, impede esses mesmos políticos de assumirem a dimensão moral, metafísica e trágica da sua própria linha de acção. (...) Uma nova divindade tende a suplantar o respeito pelo horizonte metafísico da vida humana: o ideal de uma produção e de um consumo incessantemente crescentes."

Havel falou muito de "antipolítica". O politólogo Jacques Rupnik, seu antigo conselheiro, anotou há dias no Monde: "A "antipolítica" remete para um défice de legitimidade da política. A política deve legitimar-se através de qualquer coisa que a transcenda, como valores éticos e espirituais. A dissidência [anticomunista] não tinha por ambição conquistar o poder e rejeitava a política como tecnologia do poder."

Este resumo da "profecia" de Havel é inevitavelmente redutor. O actual momento de crise, a generalização da insegurança, os conflitos no horizonte - e a experiência dos limites do "orgulho"- justificam a evocação de uma outra profecia feita em 1994: "Dada a sua fatal incorrigibilidade, a Humanidade terá provavelmente de atravessar muitos outros Ruanda e muitos outros Tchernobil antes de compreender quão incrivelmente míope pode ser um ser humano ao esquecer que não é Deus."

quinta-feira, 29 de dezembro de 2011

"O Rapto de Europa"

"O Rapto de Europa", de Nadir Afonso, na 1ª página do Diário de Notícias de hoje.

Europa era filha de Agenor, rei da Fenícia, e de Telefaassa. Zeus, metamorfoseado em touro, aproximou-se de Europa. Esta sentou-se sobre o seu dorso e deixou que ele a conduzisse, suave e vagarosamente, sobre a crista do mar. Quando se apercebeu, viu-se transportada a galope sobre as ondas. Chegados a Creta, Zeus consumou o seu amor por Europa. Dessa união nasceram três filhos: Minos (futuro rei de Creta), Radamanto e Sarpédon.


terça-feira, 27 de dezembro de 2011

O mau gosto americano

O bloco sanitário da cela ocupada por Saddam Hussein foi arrancada e transportada para os Estados Unidos, para vir a ser exibida num museu.
A notícia na CNN pode ser vista e ouvida aqui.

quinta-feira, 22 de dezembro de 2011

Estas guerras ditas humanitárias: Iraque

A onda de explosões que assolou hoje a capital iraquiana fez pelo menos 57 mortos e mais de 200 feridos, indicam responsáveis da área da saúde de Bagdade.
Notícia publicada no site do Expresso pode ser lida aqui.

terça-feira, 20 de dezembro de 2011

Nós, as "gorduras"

Artigo de opinião de Manuel António Pina, publicado no Jornal de Notícias:
Primeiro foram os jovens desempregados a receber do secretário de Estado da Juventude guia de marcha para fora de Portugal; agora coube a vez aos professores, pela voz do próprio primeiro-ministro.
No caso dos professores, a coisa passa-se assim: o ministro Crato varre-os das escolas; depois, Passos Coelho aponta-lhes a porta de saída do país: emigrem, porque Angola e Brasil "têm uma grande necessidade (...) de mão-de-obra qualificada". Portugal (que é um dos países da Europa com mais baixos níveis de escolarização, segundo o Relatório do Desenvolvimento Humano de 2011, divulgado no mês passado pelo PNUD) não tem, como se sabe, necessidade de mão-de-obra qualificada.
E, como muito menos tem necessidade de mão-de-obra "desqualificada", ninguém se surpreenda se um dia destes vir o secretário de Estado do Emprego e o novo presidente do Instituto do Emprego e Formação (?) Profissional a mandar embora quem tiver como habilitações só o ensino básico; o ministro da Segurança Social a pôr na rua pensionistas e idosos (para que precisa Portugal de pensionistas e idosos, que apenas dão despesa?); o ministro da Saúde a dizer aos doentes que vão morrer longe, em países sem listas de espera e com taxas moderadoras em conta; o da Defesa a aconselhar os militares a desertar e ir para sítios onde haja guerras; e por aí adiante...
Percebe-se finalmente o que são as tais "gorduras do Estado": são os portugueses.