segunda-feira, 1 de agosto de 2011

Mais informação, menos conhecimento

Texto da autoria de Mario Vargas Llosa, publicado ontem no La Republica:

Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”.

Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español: Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.

Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.

Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall McLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. McLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.

Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.

No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?

No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: “Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos”. Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para “informarse”. Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”.

Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer La Guerra y la Paz o el Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?

La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.

Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que –para qué engañarnos– no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la “inteligencia artificial” es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.

sábado, 30 de julho de 2011

"Lavagante" de José Cardoso Pires

Desenho a carvão da autoria de João Abel Manta, 1981
Para Manuel Frias Martins, Lavagante é uma obra menor de José Cardoso Pires mas que tem o mérito de permitir reconstituir o método de trabalho e um momento do processo criativo do escritor, entre 1963 — ano de Jogos de Azar e O Hóspede de Job e, segundo tudo indica, 1968, quando sai O Delfim. José Cardoso Pires não publicou o livro em vida talvez pelo seu perfeccionismo e pela necessidade de se concentrar na escrita de O Delfim. A metáfora do Lavagante é extraordinária:
«o lavagante é principalmente um animal de tenebrosa memória, paciente e obstinado, e terrível nos seus desígnios. Contei-lhe como ele serve o safio que está nas tocas submersas levando-lhe comida a todas as horas, e como a sua existência anda presa a essa serpente estúpida de grandes sonos, vendo-a engordar, engordar, até saber que a tem bloqueada, incapaz de sair do buraco porque o corpo cresceu de mais, enovelou-se, e não cabe na abertura por onde podia libertar-se. “Nesse momento, fica sabendo, o lavagante servil aparece à boca da toca do safio mas já não traz comida. Vem de garras afiadas devorar o grande prisioneiro que alimentou durante tanto tempo.”».

sexta-feira, 29 de julho de 2011

Ollanta Humala tomou posse como Presidente do Peru

Ollanta Humala tomou posse nesta quinta-feira como novo presidente do Peru.

"Juro pela pátria que exercerei fielmente o cargo de Presidente da República, que a nação me confiou pelo período presidencial 2011-2016.", afirmou ante o Presidente do Congresso, Daniel Abugattás, de vários chefes de Estado e delegações de mais de uma centena de países.

"Que defenderei a soberania nacional, a ordem constitucional e a integridade física e moral da república e suas instituições democráticas, honrando o espírito, os princípios e valores da Constituição de 1979", afirmou.

"Lutarei incansavelmente para conseguir a inclusão social dos mais pobres", declarou em seu juramento. Ele também garantiu que respeitará a liberdade de expressão e os princípios da Constituição peruana de 1979.

"Necessitamos de mais Estado, mais pátria e que a corrupção seja sancionada", continuou Humala em seu discurso.

Ele ainda afirmou que vai cumprir com sua promessa "de fazer deste país, do meu Peru, um lugar onde todos desfrutem do mesmo direito à plenitude e à dignidade, a uma vida digna e a uma velhice protegida".

Mais cedo, o ex-presidente do Peru Alan García (2005-2011) entregou a faixa presidencial a um alto funcionário militar ao deixar definitivamente o palácio de governo sem assistir à cerimônia de posse de Humala no Congresso. O gesto, sem precedentes na história peruana, oficializou sua saída da Presidência do Peru.

(extractos da notícia do Jornal Floripa)

O discurso completo de tomada de posse está aqui.

quarta-feira, 27 de julho de 2011

Ecos dos atentados na Noruega

Mario Borghezio, eurodeputado eleito pela Liga Norte (um dos partidos que apoia Berlusconi), disse a uma rádio italiana que simpatiza com algumas ideias de Anders Breivik (o terrorista norueguês). Afirmou: "Algumas das ideias que exprime são boas - retirando a violência - e algumas delas são excelentes". (notícia no site do jornal Expresso).
Muito preocupante!
E não prendem este fulano?

segunda-feira, 25 de julho de 2011

Atentados na Noruega

Não, desta vez não foram os suspeitos do costume. O autor do massacre de Oslo não era negro, nem cigano, nem judeu, nem sequer árabe. Foi um branco, louro, cristão e ultra-direitista. Afinal, nem depois de Bin Laden ter sido morto, o ocidente se pode considerar em segurança. É muito mais inquietante o facto de o autor do massacre ter sido alguém nascido e criado no ocidente. Temos de nos questionar: porque terá a nossa sociedade gerado um ser capaz deste crime hediondo?

Sabemos que o autor do massacre era amante dos videojogos e da caça. Já não é a primeira vez que se admite a relação entre os videojogos e actos de extrema violência. Mas não é só através dos videojogos que a violência é servida às crianças. Há dias, fui ver o filme “Carros 2”. Com a classificação de filme para maiores de 6 anos, o filme, a propósito, ou melhor, a despropósito de corridas de carros, exibe imagens de grande violência: tiroteios, enormes explosões e mortes. A mim, não me parecem imagens adequadas a crianças com 6 anos. A classificação etária dos espectáculos deve ser mais cuidadosa!

Como há dias escreveu Inês Pedrosa: “cada um de nós tem a possibilidade de escolher entre o amor que acende o mundo e o ódio que o apaga”.

Acredito que o caminho certo é o da tolerância e da não violência.

Claro que a questão tem de ser aprofundada. Felizmente, o assassino foi apanhado com vida e poderá fornecer mais elementos. Seguramente, na campa de Anders Breivik (assim se chama o fulano) não será colocada a inscrição, habitual na Noruega: takk for alt (obrigado por tudo).

domingo, 24 de julho de 2011

O amor é meu pastor, nada me faltará

“... O dom da fé não nos é dado a todos do mesmo modo nem se esgota no formato de um Deus mais ou menos escanhoado; cada um de nós tem a possibilidade de escolher entre o amor que acende o mundo e o ódio que o apaga.

Dir-me-ão que nada é tão simples – e não é, de facto, porque escolher o amor significa perder o direito ao conforto da cobardia, prescindir da segurança dos caminhos previamente traçados, estar disponível para merecer a felicidade, isto é, enfrentar de olhos abertos os obstáculos, a dor, a mudança. (...)

Num mundo que celebra e louva a desatenção, a corrida bárbara para lugar nenhum, ...

‘Aceitação’ é outra palavra caída em desuso porque, na voragem em que escolhemos des-existir, a confundimos com resignação ou desistência – e é rigorosamente o seu contrario: só pode aceitar o que a vida lhe apresenta quem sabe quem é e o que quer.

...acordarei feliz nas mais árduas manhãs, dizendo: o amor é meu pastor, nada me faltará”

Estes são excertos da crónica de Inês Pedrosa publicada no jornal Sol de 22 de Julho. O texto foi escrito a propósito da morte de Maria José Nogueira Pinto e das últimas palavras da sua crónica de despedida: "O Senhor é meu pastor, nada me faltará".

Où est passé l'avenir?

Pergunta: Retomando uma questão que serviu de título a um dos seus livros: “Où est passé l’avenir?”

Resposta: No pequeno livro a que se refere, esse título remetia para o facto de já não ousarmos falar do futuro. Depois das grandes utopias do século XIX, não nos atrevemos a fazer esse tipo de projeções. Talvez a última grande narrativa seja a narrativa liberal, de Fukuyama, essa ideia de que a combinação do mercado liberal com a democracia representativa é uma fórmula que triunfou por todo o lado e se tornou indiscutível. Mas não é verdade, há países que pertencem a este mercado mas não democráticos. E, alem disso, a perspetiva que temos hoje permite-nos perceber que as coisas não vão necessariamente no sentido de uma democracia generalizada, mas no sentido de uma oligarquia planetária. É talvez por isso que perdemos a possibilidade de falar do futuro. E a nossa consciência atual de que o planeta é uma pequeníssima coisa num universo de uma grandeza que nem sequer conseguimos conceber provoca-nos muito mais a angústia pascalina dos espaços infinitos do que a vontade de imaginar o futuro.

(extracto da entrevista a Marc Augé publicada no suplemento Atual do Expresso de 23 de Julho)